Fotografiar la música tiene sus complicaciones.

La primera es que no puedes pedirle al pianista que repita ese instante porque estabas ajustando los parámetros o buscando un encuadre adecuado. La segunda es que la música sucede en el tiempo, pero la fotografía tiene que arreglárselas con una fracción de segundo.

En la Velada en la Catedral de La Habana, mientras el maestro cubano Aldo López-Gavilán llenaba de música aquel espacio, yo intentaba encontrar imágenes entre las manos, los gestos, la concentración y esa luz que convierte una escena en algo irrepetible y que, además, era bien escasa.

Se trata de encontrar una imagen que conserve algo de lo que se sintió allí, incluso cuando ya no quede música en el aire.

La ocasión lo merecía: una velada dedicada a la restauración del óculo de la Catedral, de cara a su próximo 250 aniversario.


Hay momentos en los que uno fotografía lo que sucede. Y hay otros en los que, además, intenta que algo de aquello permanezca.

Esta vez, con toda intención, llevaba mi cámara.

Arturo Brito

Arturo Brito

Fotógrafo y mentor creativo

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