
Me llamo Arturo Brito
Soy fotógrafo, y si quieres, puedo ser tu amigo.
Nací y crecí en La Habana, aunque mi historia está ligada a Budapest, capital de Hungría. Mis padres se conocieron allí, a pesar de ser cubanos también.
Durante mi niñez más temprana, pasaba horas admirando las fotografías callejeras de esa vieja ciudad en un libro que todavía conservo. Aquella era mi forma de viajar sin moverme de la cama. Sentía el ritmo, las texturas y la atmósfera de una ciudad, en la que estuve siete meses, sin haberla pisado nunca. Esa curiosidad, esa emoción que aún hoy despiertan en mí aquellas imágenes tomadas por fotógrafos húngaros en los 80’s, es exactamente lo que siempre deseo provocar en ti con mi obra personal.
Busco que mis fotografías te lleven a ese mismo lugar interior. Que te detengas. Que sientas.
Me gusta capturar lo espontáneo
Por eso mi estilo favorito es el reportaje. Trabajo mayormente el nicho de los eventos en La Habana: bodas, fiestas, eventos corporativos. Persigo ese momento que no se repite, todo lo que surge sin avisar.
Pero también sé que la creatividad sin estructura no es más que el caos bien maquillado. Vivimos en la era digital, y el 90% de los nuevos fotógrafos viven apagando incendios: archivos perdidos, portafolios desordenados, flujos de trabajo caóticos. Por eso he desarrollado mi propio sistema de trabajo.
Todo fotógrafo debería trabajar mediante un sistema.
Disparo en RAW. Hasta las fotos casuales de mi perro van en RAW. Tengo un flujo de trabajo milimétrico entre mi cámara, Lightroom, Photoshop y cada entrega. Disfruto tanto organizar mis imágenes como tomarlas. Porque el verdadero placer está en la certeza de que cada foto estará segura más allá del disparo para poder contar su historia en el momento oportuno.
No trabajo con cualquiera y lo digo con claridad.
Me gusta la gente sencilla, sin pedantería. Personas que sepan apreciar lo bonito de la naturaleza y la vida, que sean sociables, inquietas, con ganas de crecer. Si lo que buscas es el precio más barato, no soy tu fotógrafo. Y no pasa nada, honestamente.
Antes de encender la cámara, enciendo una conversación.
Conmigo la cámara no se enciende hasta que no hayamos conectado. Todos tenemos algo de miedo escénico, yo el primero. Un buen café, una charla sobre la vida diaria, sobre nuestros perros o sobre nada en particular. Si logramos la complicidad en la que te olvidas de que estoy ahí y el silencio deja de ser incómodo, ahí es que la cosa empieza .
Esa conexión humana es lo que convierte una sesión de fotos en una experiencia y deja de ser un trámite incómodo.
Aquí están los que conspiran conmigo
Cuando no doy abasto, llegan los refuerzos

Diana Bustamante
Fotógrafa y la mejor esposa del mundo

Rogelio Brito
Fotógrafo y el menor de los hermanos Brito

Raidel Lezcano
Videógrafo y buen amigo

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